Historia del Sector

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Los primeros tiempos: El rol de Mosconi al frente de YPF

Puede decirse que la historia del gas licuado en Argentina tuvo su comienzo con el descubrimiento del petróleo en Comodoro Rivadavia, aquel recordado 13 de diciembre de 1907. Desde ese momento hasta el año 1922, fecha en que el insigne Ing. General Enrique Mosconi se hizo cargo de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), la mala administración, la falta de voluntad política y la especulación de los grandes trusts petroleros internacionales habían hecho que la producción de crudo fuera prácticamente simbólica en nuestro país.

Mosconi, que había tenido una irritante experiencia con una compañía extranjera que se negó a proveerle de nafta para aviación, comprendió el vital papel de la industria petrolera para asegurar la defensa de la soberanía nacional. Su airada reacción y su destacada actividad lo depositaron al frente de YPF, con lo que la empresa inició un fuerte progreso, elevando verticalmente la producción de petróleo y gestando un desarrollo general en la industria petroquímica, que hasta entonces había sido prácticamente inexistente.

La presencia de gas natural en los pozos petrolíferos era entonces más un inconveniente que una ventaja, ya que por falta de medios para transportarlo adonde pudiera consumirse con provecho, era venteado en su totalidad. Recién en 1926 se aprobó una inversión para realizar la primera planta compresora de gas en Comodoro Rivadavia. Después de ocurrido el golpe de Estado de septiembre de 1930 Mosconi se alejó de la dirección de YPF. Sin embargo, su impronta y ejemplo marcaron a fuego a muchos quienes lo sucedieron en la conducción de YPF.

Comienzo de la producción de propano y butano

En 1932 se inició en la destilería de La Plata la producción de propano y de butano en una planta de compresión y absorción, con una capacidad de producción de 60.000 metros cúbicos de gas. Al mismo tiempo, comenzó en Comodoro Rivadavia la producción de gas licuado en una planta similar para la absorción de los hidrocarburos recuperables del gas natural, con una capacidad diaria de 40.000 litros de propano y butano.

Todo eso fue el resultado de minuciosos estudios técnicos realizados por hombres de YPF, quienes a su vez propugnaban una modernización de las refinerías de petróleo y aconsejaban la creación del “servicio público con gases licuados para usos domésticos e industriales”. Para ello se habían tenido en cuenta las experiencias ensayadas en países técnicamente más adelantados en la explotación petrolífera y los procedimientos de recuperación y fraccionamiento de hidrocarburos livianos implantados en los principales establecimientos industriales de esos lugares.

Aparece el “Supergas”

El gas licuado producido primitivamente por YPF para uso domiciliario fueron unos cilindros de 45 kg. conocidos vulgarmente como “Supergas”. Teniendo en cuenta sus características y las condiciones de consumo, la empresa entendió que era necesario organizar su venta sobre la base de un servicio público semejante a la provisión de gas de hulla, energía eléctrica o agua, por medio de redes de distribución. YPF se hizo cargo de todos los problemas inherentes al envasado, transporte, distribución y comercialización del nuevo producto.

La venta del Supergas fue precedida por una intensa campaña publicitaria de fomento e ilustración. Luego se remitieron los primeros cilindros manufacturados a la Comisión Meteorológica Argentina con asiento en las islas Orcadas, lo que permitió observar el comportamiento de este sistema de distribución de gas licuado en zonas de muy baja temperatura. La experiencia alcanzó un éxito total y, de esa forma, el Destacamento Argentino en la Antártida se convirtió en el primer consumidor de gas licuado del país.

El servicio público de Supergas se inició formalmente a mediados del año 1933, cuando se realizaron las primeras instalaciones en barrios residenciales ubicados en las zonas suburbanas de la Capital Federal. El gas licuado tuvo un excelente recibimiento por parte de los usuarios y su utilización se extendió a todas las capas sociales. La cercanía de centros de distribución de este producto fue un factor determinante para la valorización de las tierras. Por otra parte, su practicidad y economía fueron también advertidas en algunos círculos del ámbito industrial, que lo consideraron como un valioso insumo para el desarrollo productivo.

La nacionalización y el surgimiento de Gas del Estado

Con la política de nacionalizaciones del Gobierno de facto encabezado por Edelmiro Farrell, el 5 de marzo de 1945 la rama gasífera de YPF pasó a depender de la Dirección Nacional de Gas del Estado, que luego se transformaría en “Gas del Estado”. A su vez, se expropió la “Compañía Primitiva de Gas”, cuya administración pasó a manos de YPF y luego a Gas del Estado. Desde 1919, Primitiva proveía de gas por red a domicilios de la Capital Federal y zonas aledañas.

Gas del Estado comenzó a funcionar de manera independiente a partir del 1º de enero de 1946. Desde sus inicios, el organismo fomentó el consumo de GLP en todo el país. A partir de la producción de YPF, Gas del Estado era la única empresa que fraccionaba y comercializaba gas licuado. Asimismo, era la encargada de encomendar la fabricación de cilindros a su nombre, los cuales eran provistos únicamente a usuarios habilitados que tenían sus instalaciones aprobadas. Con el correr de los años, se incorporaron nuevas empresas privadas productoras de GLP, las que también transferían su producción a Gas del Estado.

Cada dependencia de Gas del Estado tenía asignado un radio de acción para el servicio, que se denominó “Zona Organizada de Distribución”. Los usuarios no ubicados en este radio también podían acceder al uso del GLP, pero debían ir a retirar por su cuenta los envases al centro de despacho. Estos usuarios se denominaron “Fuera de Zona Organizada de Distribución”. Para facilitar la atención de estos usuarios fuera de zona, la empresa estatal formalizó convenios con distintos Municipios y Cooperativas, quienes se encargaban de retirar los cilindros de las plantas de llenado para luego distribuirlos a los usuarios.

En 1950, en tanto, Gas del Estado inició la venta de GLP a granel. Se trataba de usuarios de tipo industrial, comercial, doméstico, y también reparticiones públicas, que tenían tanques fijos de almacenaje. Cinco años más tarde, la empresa inauguró un nuevo sistema de provisión de gas licuado. Fue el suministro por redes de distribución instaladas en localidades alejadas de los gasoductos troncales que tuvieran el proyecto de la llegada de gas natural, además de una población que justificara la inversión. Hacia 1980 había 13 ciudades con ese sistema en todo el país.

La explosión del consumo en los años 60

El uso del Supergas había crecido paulatinamente desde sus inicios y acusaba una venta de 101.962 toneladas para 1960. Los 43.156 usuarios con que contaba el servicio cuando pasó de YPF a Gas del Estado, se habían multiplicado hasta convertirse en 489.841. La practicidad del sistema y la posibilidad de su inmediato uso sin necesidad de esperar que llegaran las redes de distribución hasta el domicilio del usuario, hicieron que el mismo cobrara una popularidad enorme. Su uso se difundió no sólo en el Gran Buenos Aires, sino también en el resto del territorio nacional.

Ante este extraordinario crecimiento, que multiplicó en más de once veces la cantidad de usuarios en sólo tres lustros, Gas del Estado se vio superada en sus posibilidades de seguir satisfaciendo la demanda. Esta situación adquirió proporciones de casi crisis entre 1958 y 1959, periodo durante el cual las solicitudes de servicio acumuladas, tras el cumplimiento de todos los requisitos previos, oscilaban alrededor de las 180.000.

La solución de tan acuciante problema requería, por lo tanto, una acción urgente y drástica a fin de evitar el colapso del servicio. Por otra parte, la inminente puesta en marcha de dos importantes instalaciones productoras de propano y butano, tales como la nueva Destilería de Luján de Cuyo (Mendoza) y el Complejo Destilería Campo Durán con el poliducto Campo Durán-San Lorenzo, significaba un brusco aumento de la producción que no podía desaprovecharse.

En un primer momento, se recurrió a la importación temporaria de producto, lo cual solucionó el problema hasta la incorporación a la producción de las dos plantas antes mencionadas. Las circunstancias obligaron a considerar la aplicación de otro tipo de procedimientos para crear el mercado que absorbiese esas mayores disponibilidades.

La incorporación del sector privado a la venta de garrafas

Con el objetivo de llegar a lugares más alejados y de menores recursos, en febrero de 1960 Gas del Estado decidió complementar la venta tradicional del Supergas con garrafas, delegando esa porción del negocio a las empresas privadas.

La utilización de la garrafa se hizo inmediatamente muy popular por la comodidad que representaba el no tener que depender de las instalaciones fijas y la posibilidad de su rápido y cómodo transporte. Esta popularidad influyó notablemente en el aumento de los usuarios de gas licuado atendidos por la empresa estatal, y creó además un importante mercado paralelo atendido por empresas privadas.

Cabe destacar que la popularización del uso de la garrafa no se produjo en forma exclusiva en las zonas que carecían de redes de distribución, sino que abarcó la totalidad del país. Por ejemplo, muchos usuarios que contaban con redes domiciliarias de gas natural en pleno funcionamiento adquirían garrafas para sus salidas de fines de semana, a fin de utilizarlas indistintamente para la cocción de los alimentos o para la iluminación, por la noche. Su aplicación en calefactores portátiles, en faroles y "kitchenettes", fue otro factor de difusión fundamental.

Fue así que la instauración del sistema de venta de gas licuado en garrafas, que en un principio fuera considerada como una forma de complementar la venta de cilindros de Supergas para aprovechar el excedente de producción del fluido, rápidamente se convirtió en la principal forma de venta del GLP, provocando un salto impresionante, tanto en el número de usuarios como en el volumen de gas comercializado. El consumo de gas en garrafas creció hasta multiplicarse por doce en los primeros seis años de ventas, mientras que hacia 1970 el número de usuarios de gas licuado se había duplicado respecto a 1960, alcanzando los 809.124.

Nuevas normas e inversiones impulsadas por Gas del Estado y los privados

La incorporación del sector privado a la venta de garrafas provocó la necesidad de establecer las condiciones comerciales, técnicas y de seguridad a la venta del GLP, a las cuales los distribuidores deberían ajustarse. Gas del Estado le otorgó a cada distribuidor un número identificatorio, los cuales fabricaban sus garrafas en talleres habilitados diferenciando cada uno de sus envases.

Hasta principios de la década del 60 todos los envases eran llenados en la primera planta que tuvo Gas del Estado en Boulogne, Provincia de Buenos Aires. Pero el crecimiento exponencial del mercado del GLP hizo imperioso erigir una infraestructura destinada a permitir un adecuado almacenaje, transporte y distribución del producto envasado en garrafas. Para atender a esas necesidades la empresa estatal debió construir o adecuar instalaciones portuarias hasta entonces totalmente inexistentes en el país, ya que nunca se había manipulado este tipo de combustibles en los puertos del país.

Todo ello determinó que a fines de 1965 se contara en el país con más de 20 plantas de almacenaje que eran atendidas directamente por Gas del Estado, las que en conjunto contaban con una capacidad de almacenaje del orden de los 50.000 metros cúbicos en tanques esféricos y cilíndricos de capacidades individuales, comprendidas entre los veinticinco y los mil doscientos metros cúbicos.

Por otra parte, en seis de dichas plantas de almacenaje, aquellas ubicadas en Dock Sud, San Lorenzo, La Plata, Mar del Plata, Bahía Blanca y Ushuaia, se hizo necesario construir instalaciones portuarias complementarias para permitir la movilización marítima y fluvial del fluido, tanto a granel como envasado. Paralelamente, y en las mismas plantas, hubieron de construirse instalaciones de carga y descarga para el transporte por vagones de ferrocarril y por camiones, que incluyeron el montaje de compresoras, bombas, conductores, etc.

Redes de propano y más plantas de almacenaje

Además, para una mayor eficiencia y rapidez en el servicio, se unió mediante una red de propanoductos de unos 150 kilómetros de extensión a las plantas de Dock Sud, La Plata y General Belgrano, en Buenos Aires, mientras que se procedía de la misma manera con el entrelazamiento de las de Mendoza, Aguaray, Tucumán, Córdoba y San Lorenzo, las que de esa forma recibieron el producto por conexiones directas con las instalaciones de Yacimientos Petrolíferos Fiscales de Luján de Cuyo en el primer caso, y al Sistema Campo Durán-San Lorenzo, en los otros cuatro.

La notable evolución de Gas del Estado se vio fuertemente complementada por unas 170 plantas de almacenaje y distribución construidas y operadas por empresas privadas a partir de 1961, con una capacidad total de almacenamiento del orden de los 15.000 metros cúbicos de fluido hacia 1970. Butapropano fue la primer empresa en inaugurar una planta propia de llenado y al poco tiempo se sumaron muchas otras más.

De esa forma, quedó transferida no sólo la comercialización, sino también el fraccionamiento de las garrafas a los privados. Para 1975 había 37 fraccionadoras, destacándose entre las principales: Autogas, Algas, Grupo Argón, Argengas, Central Gas y Amarilla Gas, entre otras. Todo este crecimiento fue apuntalado por un fenomenal esfuerzo en materia de transporte, elemento que siempre ha caracterizado al sector del GLP.

Este proceso fue acompañado de la normativa correspondiente, que responsabilizaba a cada empresa por los envases que llenaba mediante la identificación de cada garrafa. En un primer momento se establecieron distintos tipos de pintado según la empresa, hasta que finalmente se dispuso que toda nueva garrafa que se fabricara debía tener grabado en sobre relieve la leyenda que previamente cada firma inscribía en su favor en Gas del Estado. Todos los envases fabricados con anterioridad a la normativa del grabado debieron adherir en el aro protector de válvula una chapa numerada con la leyenda correspondiente. La cantidad de chapas era asignada en función de los volúmenes de comercialización de GLP de cada empresa.

A principios de 1974 y con el fin de permitir el recupero de sus envases, las empresas fraccionadoras se organizaron montando en distintos lugares estratégicos del país lo que denominaron “Centros de Clearing”, donde concurrían llevando envases de terceros retirando en canje igual cantidad de propios. A tal efecto, las empresas efectuaron en cada Centro donde participaban un aporte de envases en función de sus respectivas compras de GLP concretadas durante el año 1973, designando como responsable de la operación y funcionamiento de los Centros de Canje y del sistema en general, a la Cámara de Empresas Argentinas de Gas Licuado (CEGLA), entidad que había sido creada el 28 de marzo de 1966.

La transferencia de la venta de cilindros al sector privado

A comienzos de los años 80 y con motivo de disposiciones superiores en materia de desregulación (Decreto 690/81), Gas del Estado tuvo que transferir a la actividad privada el servicio de fraccionamiento y comercialización del GLP en cilindros de 45 kg. de capacidad, hasta entonces bajo jurisdicción de la empresa estatal. Cabe destacar que en la década del ’70 se había autorizado a los privados la fabricación y comercialización de cilindros de 30 kg., algunos de los cuales todavía se utilizan.

Mediando el Decreto 690/81 se autorizó también a los productores privados de GLP a vender directamente su producción al mercado interno. Para ese entonces se había superado el millón de usuarios y alcanzado las 303.000 toneladas de consumo anual de GLP. En sólo un año los privados lograron copar ese mercado, prueba del auge que atravesaba el sector.

Asimismo, Gas del Estado debió transferir a los usuarios los cilindros que tenían en su poder en calidad de comodato sin cargo alguno, vender parte de sus cilindros a las plantas fraccionadoras privadas y entregar -con cargo- los padrones de sus usuarios. La transferencia del servicio se realizó en forma progresiva, finalizando en el primer cuatrimestre de 1982. A los cilindros transferidos a las empresas privadas se les exigió ser identificados igual que las garrafas: debían tener adherido en su cuerpo una chapa de aluminio con el nombre de la planta fraccionadora.

Nuevas disposiciones, privatización de Gas del Estado y adquisiciones

Posteriormente, a principios de los años 90, se estableció una individualización definitiva de los cilindros. Se distribuyeron entre las empresas fraccionadoras placas identificatorias numeradas, conteniendo la marca y/o leyenda que cada empresa había inscripto ante Gas del Estado. Las mismas debían estar soldadas en los cilindros para asumir las mismas responsabilidades y obligaciones que regían para las garrafas.

Esta asignación de placas se determinó en base a las compras de GLP propano que cada empresa había efectuado durante el período 1986/90. Se estableció también que cada empresa debía mantener, reponer y rehabilitar -en forma obligatoria- los cilindros que tenían su identificación. Y sólo los cilindros propios podían ser llenados por cada empresa. Se penalizaba el llenado de los cilindros que tenían placas de terceros, mientras que el color único para pintar los envases fue el aluminio.

En diciembre de 1992 se privatizó Gas del Estado, quedando como autoridad de aplicación del sector la Secretaría de Energía de la Nación. Al mismo tiempo, se produjeron importantes adquisiciones en medio de un período crítico en materia de rentabilidad para muchas empresas del sector. Entre los casos más destacados, Repsol se adquirió Agip Gas (1993) y Algas (1997), Shell hizo lo propio con Autogas (1997), mientras que Total se quedó con el Grupo Argón (1997). En ese contexto se creó en 1995 la Agrupación Empresaria Argentina de Gas Licuado (AEA), que duró hasta 1998, año en que se fundó la Agrupación de Fraccionadoras de Gas (A.F. Gas).

Por otra parte, en 1994 se autorizó pintar los envases con el color que cada empresa registre en la Secretaría. El primer paso lo dio YPF, con su garrafa blanca. Esto permitió una rápida identificación del titular del envase, tanto por las demás empresas, como por los distribuidores y por el consumidor, quien se vio posibilitado elegir al proveedor que le presta el mejor servicio. El color no sólo alentó la competencia, sino que también facilitó la recuperación de los envases por parte de sus titulares.

Un año más tarde, más precisamente en diciembre de 1995, se produce la creación de CADEGAS (Cooperativa Argentina de Provisión de Gas Licuado Lda.), a raíz de la iniciativa de un grupo de cooperativas fraccionadoras de distintos puntos del país.

Ley 26.020 y surgimiento del GLPA

En marzo de 2005 el Congreso de la Nación sancionó la Ley 26.020 correspondiente al “Régimen Regulatorio de la Industria y Comercialización de Gas Licuado de Petróleo”. Se trata de la Ley Marco que, con sus respectivos decretos y resoluciones reglamentarias y complementarias, regula la actividad de todos los eslabones del sector. Esta Ley fue, sin dudas, un paso decisivo en pos de garantizar la seguridad jurídica y normal desarrollo del sector.

Asimismo, en la última década se sancionaron otras normativas relevantes, como ser la Resolución S.E. 131/03 que regula el Gas Licuado de Petróleo Automotor (GLPA), un mercado aún incipiente en Argentina. A diciembre de 2009 nuestro país tenía 271 vehículos funcionando con GLPA, además del Tren Turístico de Cataratas del Iguazú. Hay una estación de servicio pública en Resistencia (Chaco), y otras dos proyectadas en las provincias de Corrientes y Misiones.

En materia de cilindros, cabe destacar la Resolución S.E 24/06, que creó el Reglamento de Centros de Canje de Unidades de Envases, y la Resolución 431/07, mediante la cual se inició un nuevo proceso nacional de normalización de tubos de 45 kg. Este trabajo es encabezado por la Agrupación Controladora de Canjes (ACC), entidad de Colaboración Empresaria creada en 2002.

En esta época nacen otras cámaras del sector: En 2002 se creó CADIGAS (Cámara Argentina de Distribuidores de Gas Licuado) y al poco tiempo surgió CAFRAGAS (Cámara Argentina de Empresas Fraccionadoras, Almacenadoras y Comercializadoras –No Productoras- de Gas Licuado).

Crecimiento sostenido del mercado y nueva política de precios

Durante la última década el consumo de GLP continuó creciendo sostenidamente, superando en la actualidad los cuatro millones de usuarios en todo el país. A su vez, la producción de GLP del año 2009 sobrepasó las tres millones de toneladas, de las cuales casi la mitad se exportan.

En lo que respecta a la política de precios para el mercado interno, el gobierno nacional avanzó, en un primer momento, con un Programa de Precio Regional Diferencial para los consumos residenciales de garrafas. Finalmente, en septiembre de 2008 se estableció un sistema de subsidio universal al consumo de garrafas (Res. S.E. 1071/08 y complementarias), lo cual ha provocado algunas distorsiones y dificultades puntuales en materia de abastecimiento.

Desde CEGLA esperamos que el crecimiento dentro de la previsibilidad y la formalidad sigan siendo los faros que iluminen la senda a recorrer por el sector a lo largo de los próximos 50 años.

Autor: Mg. Patricio Giusto