Entrevista a Héctor De Cillis, Gerente General de la Cámara de Empresas Argentinas de Gas Licuado (CEGLA)

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De acuerdo a Héctor de Cillis, gerente general de la Cámara de Empresas de Gas Licuado (CEGLA), hoy en día existen mecanismos de regulación que provocan desorden en las expectativas del sector energético y “las consecuencias se ven en la “meseta” de producción de petróleo, gas y generación eléctrica de los últimos años, que no acompaña el creciente desarrollo de la economía del país, luego de la caída del periodo 1998-2001”.

Los precios del Gas Licuado de Petróleo (GLP) en garrafas y cilindros en el mercado doméstico permanecen invariables desde hace casi tres años. “Por el momento, no hay ninguna señal por parte de la cartera que dirige Daniel Cámeron que haga suponer que esa situación sea modificada este año”.

Sin embargo, de acuerdo con los datos que maneja CEGLA, desde 2005 los costos de la actividad han sufrido aumentos significativos, que en algunos casos se ubican en el orden del 25%. “Los importes se han mantenido y la “garrafa social” se distribuye en más de 600 puntos fijos de venta en todo el país”, recuerda.

Frente a ese escenario, el directivo asegura que el gobierno debe convocar a un encuentro para debatir cuál es la política energética que necesita el país y hacia donde se deben orientar las inversiones de largo plazo.

A su entender, hoy en día los precios del sector energético quedaron desfasados con relación a los valores regionales e internacionales, como consecuencia en gran medida de la contención del incremento de precios de los servicios públicos, combustibles y electricidad.

“El escenario actual de la industria energética empieza a dar muestras de cierta retracción de la inversión productiva a raíz de que algunas medidas de intervención del mercado desalientan las inversiones con la colaboración de cierto grado de desconfianza en las reglas de juego institucionales y jurídicas”.

Según su visión, en esa clave hay que leer el “amesetamiento” en la extracción tanto de gas natural como de petróleo que se produce desde 2003, situación que acarrea serios inconvenientes para garantizar suministro de energía en el país, que al crecer a un ritmo de más del 8% anual en los últimos años sufrió un aumento significativo de la demanda.

“En su momento, luego de la crisis de 2001, las medidas intervencionistas eran necesarias para ponerle freno al aumento de los precios internos y externos, ayudar y acompañar a la población, no atentar contra los salarios y los costos de las empresas y superar la salida de la indeseada convertibilidad cambiaria. Pero hoy las condiciones económicas con distintas, y en ese sentido, creemos que el sinceramiento de precios tendrá que ir viniendo de a poco. Por eso es imprescindible imponer políticas consensuadas entre el gobierno, el capital, la producción, los sindicatos y los consumidores”, explica.

¿Cómo define el contexto de la industria energética a nivel internacional?, preguntamos al gerente general de CEGLA.

Continuará, la explotación de petróleo y gas natural produciendo a los precios que el mercado, o más bien la demanda mundial, determine, salteando guerras y demás obstáculos. Al mismo tiempo, y sobre todo aquellas economías que no cuentan con recursos, continuarán en la búsqueda de energéticos alternativos incrementando los desarrollos de la energía atómica, hidráulica, eólica y carbón mineral. Otros también, y mirando el largo plazo, alentarán bajar el consumo de combustibles y seguramente encontrarán un equilibrio en el balance energético a través de mejorar la eficiencia de utilización de las fuentes no renovables.

Dejo para el final los combustibles no renovables (metanol, biodiesel y otros), pues están directamente relacionados con la producción y los precios de los alimentos, cada día más necesarios para la creciente población mundial, por lo que deberán ser motivo de un amplio debate acerca de cuál es el verdadero rol que deben cumplir a mediano y largo plazo.

El otro gran interrogante es la contaminación, que con el tiempo se convertirá en un limitante para la producción y el consumo. Veremos cómo lo resuelve el mundo científico, tecnológico y los diferentes intereses mundiales de los más poderosos o, mejor dicho los más demandantes.

En nuestro país, si bien tanto los diferentes gobiernos como muchas ONG ’s y referentes del sector privado tienen conciencia de la contaminación ambiental, debemos imponer el tema con agenda prioritaria, tomando decisiones, y no continuar ocultando el problema a la sociedad. Desde el año 1870 discutimos y analizamos el grado de contaminación y los efectos sobre la salud humana, animal y vegetal del Riachuelo y sus afluentes.

Capital Federal y el cono urbano bonaerense mantienen importantes índices de contaminación que contribuyen a perjudicar la calidad de vida de más de 18 millones de personas, producto de la mala combustión de líquidos en el transporte de carga, pasajeros y automotores, el “destratamiento” de efluentes industriales, la contaminaron de napas freáticas, la relocalización de desechos contaminantes, el mal uso de otros energéticos, las industrias contaminantes, la deforestación y demás.

El problema es grave, el cambio climático es una realidad, se acentúa cada día más y las soluciones hasta el momento han sido más para acallar las voces de protesta que para imponer soluciones universales. El planeta cuenta con recursos energéticos disponibles a largo plazo. El tema es cómo producir el cambio que estamos produciendo en la naturaleza y que afecta la vida de todos los habitantes de nuestro planeta.

¿Cómo evalúa el actual desempeño del sector de GLP en el país?

Está en equilibrio, creciendo al ritmo de la economía, fundamentalmente porque seguimos aumentando el consumo de GLP doméstico, que este año crecerá cerca del 4%.

En los últimos años se invirtieron más de 70 millones de dólares en la seguridad y eficiencia en plantas de fraccionamiento, depósitos de granel, centros de canje, en la reparación y mantenimiento del parque de más de 20 millones de garrafas y cilindros y en transporte y distribución. También se jerarquizó a las empresas del sector que abastecen al mercado en tiempo y forma, con envases seguros y confiables y con una muy buena calidad en el servicio y atención del consumidor final.

Evidentemente, el GLP será con el tiempo una alternativa de combustible para autos livianos, de carga humana, uso agrícola e industrial. Pero creemos que a futuro tendrá cada vez más nivel de competencia con las naftas y otros carburantes, aunque todavía hay una importante desventaja con ellos en materia de precios.

Mientras Argentina y la región en general sigan siendo excedentarias en la producción de GLP, habrá que prestarle atención al desarrollo del producto porque se puede convertir en la “estrella” de los próximos años.

El GLP es un producto confiable, no contaminante, accesible, seguro y eficiente, y deberá ser considerado como el combustible alternativo de los próximos años.

¿Cuáles eran las principales características del sector en las décadas del `80 y los `90?

En los `80 se fueron dando las características para que se llegue al contexto de los `90. En ese tiempo, el gran problema era el déficit de la administración pública nacional en la mayoría de sus aspectos: servicios, energía y salud; áreas en la que el Estado era ineficiente. Entonces se implementó un cambio: se privatizaron los servicios, se entregó la administración del subsuelo a terceros no solamente por la capacidad económica sino también por la capacidad de operación y hubo un fuerte aporte de nuevas tecnologías. Es decir, hubo un vuelco de actividades del sector público hacia el sector privado, el cual comenzó a tener más gravitación. Ese fue el gran cambio y creo que fue oportuno, porque en los años `90 si no se hubieran privatizado la generación, el transporte y la distribución eléctrica y el gas natural no sé dónde hubiéramos terminado.

Los cambios en las decisiones trajeron como consecuencia la apertura de los mercados de exportación de hidrocarburos y combustibles líquidos, que siguen generando importantes ingresos fiscales, y el alcance, masificación y eficiencia de los servicios que hasta el momento eran prestados por organismos del Estado. Las privatizaciones de servicios y de la explotación de los recursos petroleros evidentemente convocaron inversiones, y más allá de los defectos y errores cometidos de ambas partes creo que se logro mejorar la infraestructura que teníamos, incorporar parámetros de eficiencia, masificar el uso y el alcance de todos los recursos disponibles en el país y mejorar la calidad de vida de los argentinos. Todavía falta mucho. Por eso insisto en que no deben tomarse decisiones unilaterales, sino buscar e intentar bajo cualquier circunstancia el buen entendimiento que debe primar entre todos los actores.